¿Entusiasmada o asustada?

Cuando te proponen viajar, conocer gente interesante, otro país, no dudas ni un momento, no piensas, te lanzas a esta aventura sin pararte un segundo.

¿Cómo iba a rechazar la posibilidad de irme a Banjia Luka (Bosnia Hazergobina), de aportar algo a De Amicitia, sabiendo que podía significar el comienzo de una nueva etapa de mi vida, una etapa en la que iba a pertenecer a un mundo pequeño y diferente, lleno de aventuras, aprendizaje, y personas especiales?

De Amicitia me tendió la mano, y confió en mi para desempeñar una tarea, asumir la responsabilidad de coordinas un proyecto. Este proyecto, un intercambio, que en un futuro significaría un punto y aparte en la vida de muchos jóvenes europeos, y era mi responsabilidad representar a una organización como De Amicitia. Tenía el listón muy alto. No podía aparcar el hecho de mi falta de experiencia debido a que tan solo tengo 20 años.

Pero me fui, me monté en un avión con mi maleta repleta de una mezcla de sentimientos, de expectativas, y emociones. Allí, conocí a gente maravillosa, a gente que me enseñó que el idioma no es una barrera, que no importara lo joven que fuera, que la edad solo marcaba el punto del camino tan largo en el que nos encontramos. Me mostraron que yo me encontraba en esa etapa llena de ilusión y ganas de cambiar el mundo, acompañada de la verdadera esencia del voluntariado, y que con esto podría hacer grandes cosas.

Fueron cuatro días llenos de encuentros, en los que me convertí en una esponja, dispuesta a absorber toda la información posible, sin olvidar, que yo participaba de esa toma de decisiones constantes que atañería a muchos jóvenes con los que yo estaría. En un encuentro de este tipo, tienes que sacar de tu mochila, todas las habilidades, que posees. La capacidad de empatizar y entender a los futuros participantes de un proyecto de voluntariado, de comprender sus inquietudes, y las necesidades, son imprescindible para coordinar un intercambio juvenil. Cada persona que conocía, era merecedora de ser guardada en una “cajita”, por su experiencia y trayectoria. Es un regalo conocer a gente así.

Sí, reconozco que tenía miedo, pero un minuto de valentía te puede llevar a vivir una de las mejores experiencias de tu vida. Pequeñas aventuras como esta te hacen crecer, te hacen consciente de que no es malo tener miedo, pero superarlo, es lo que te hace marcar la diferencia. NUNCA, digas no por temor o incertidumbre, porque lo que te espera en una experiencia así, siempre es inolvidable.

Amanda de Dios, una inexperta en un pequeño mundo de personas especiales.